Villa María, miércoles 10 de junio de 2026

Malvinas, en carne propia: el recuerdo de un villamariense que fue a la Guerra y combatió en Darwin (VIDEO)

Un día como hoy, pero hace exactamente 43 años, comenzó la Guerra de las Islas Malvinas, un conflicto bélico que se extendió durante poco más de dos meses y que contó con la participación de varios habitantes de Villa María y la región, incluyendo algunos que no volvieron y una mayoría que sí regresó, por lo que en estos días se encargan de mantener viva la llama de lo sucedido en el Atlántico Sur.

Actualmente, en la ciudad y la zona residen aproximadamente 74 veteranos de esta Guerra. Entre ellos se encuentra Erik Langer (63), un villamariense actualmente radicado en Villa Nueva, quien brindó una entrevista a Villa María Ya! en la que recordó cómo llegó a las Islas, las semanas allí, el combate de Darwin y cómo vivieron los combatientes el regreso a sus ciudades y provincias de origen.

La llegada al Ejército y el viaje a las Islas

En los primeros momentos de la entrevista, el excombatiente contó que su historia con Malvinas comenzó meses antes, en octubre de 1981, cuando realizó una revisación médica en el marco del Servicio Militar Obligatorio. “Salí apto, y el 2 de febrero me incorporan como soldado en el Regimiento de Infantería 25, en Sarmiento, Chubut”, explicó.

Acto seguido, Langer narró como fue su instrucción en dicha dependencia del Ejército Argentino y que tras varias instancias, terminó siendo seleccionado para formar la sección de Aspirantes a Oficiales de Reserva (AOR), donde estuvo a cargo del teniente primero Roberto Estévez. Asimismo, resaltó que el 27 de marzo comenzaron a ser equipados con armamento y que el 28 de marzo partieron primero hacia Comodoro Rivadavia, y luego en avión hacia Bahía Blanca y Punta Alta, donde toda la flota se preparaba para zarpar.

“Hasta ese momento nunca pensamos en Malvinas, yo en lo personal nunca pensé en Malvinas, sí pensaba que podía haber un conflicto con Chile, porque en años anteriores habíamos tenido problemas con ellos”, consideró.

Finalmente, partieron desde tierra en el almirante Irizar, y al otro día Estévez les informó que iban a participar del “Operativo del Rosario”, que consistía en recuperar las Islas. “Pensé en mi familia, en mi viejo, en lo orgulloso que iba a estar, porque éramos conscientes que estábamos siendo parte de las tropas que iban a recuperar las Islas”, contó Langer.

Los primeros días en Malvinas

Por otra parte, recordó: “El desembarco tenía que ser el 1 de abril, y nos agarró una tormenta en el mar, y por esa tormenta se retrasó toda la operación un día, y el desembarco se hizo el 2 de abril. Nosotros no pudimos desembarcar ese día, porque uno de los helicópteros que llevaba el Irizar se le rompió el anclaje, así que bajamos al otro día”.

Luego del desembarco se dirigieron a Puerto Argentino y abordaron el buque Islas de los Estados para ser transportados a la segunda localidad en importancia de Malvinas, Ganso Verde. “La misión nuestra era custodiar una base de Pucará, que era una escuadrilla de Pucará que se había formado y que estaba ahí en ese lugar”, resaltó Langer.

“Ahí empezó la rutina diaria, de preparar las posiciones, organizarnos con las comidas, con todo lo que hacía a las tareas diarias”, agregó. También señaló: “Durante todo abril, la preocupación más grande que teníamos era hacerle llegar noticias a nuestros padres de que estábamos bien. El teniente nos hizo escribir una carta, un aerograma, donde contábamos lo que nos había pasado, cómo estábamos, que estábamos bien y dónde estábamos, y a donde nos tenían que escribir”.

Los primeros bombardeos

Langer también relató que pese a que el 21 de mayo los ingleses desembarcaron en San Carlos, el 1 de ese mes presenciaron un bombardeo de aviones ingleses sobre los Pucará. “Fue todo humo, fuego, corridas y gritos, y ahí nos dimos cuenta de que la Guerra había empezado”.

También afirmó que Estévez les dijo que el desembarco podía llegar en cualquier momento y que debió posicionarse frente al mar. En ese marco, recordó un diálogo que tuvo con el cabo Rosales: “Me preguntó “¿Tiene miedo, Langer?”, y le digo “estoy muerto de miedo”, estaba pensando yo que iban a venir los ingleses y yo estaba ahí, que iba a tener que tirar y  me iban a tirar, y tuve miedo, realmente tuve miedo”.

“‘Él me dijo “quedate tranquilo que no va a pasar nada, ya vas a ver, y realmente fue así, no pasó nada esa noche. Después de ese día nunca más tuve miedo. A partir de ese momento empezaron los bombardeos y los ataques aéreos permanentes”, agregó.

El combate de Darwin

Por otra parte, Langer recordó el conocido combate de Darwin: “El 27 de mayo los ingleses ya venían avanzando para donde estábamos nosotros, y el Teniente nos dice ese día que preparáramos todo el armamento que pudiéramos cargar, las municiones, yo era apuntador de lanza cohete, tenía tipo bazooka”.

“Durante toda la noche del 27 y madrugada del 28 se veían los combates cada vez más cerca, las bengalas, las trasantes, la artillería inglesa que tiraba pasaba por arriba nuestro, y la artillería nuestra que le respondía”, agregó.

Prosiguió: “A las 06:30 el teniente nos reúne a toda la sección y nos dice “muchachos, llegó el momento esperado, nos vamos al frente”. Así que nos encolumnamos atrás de él de a dos”. Langer explicó que ya en la loma Darwin, se desplegaron en cadena en la bajada de la loma, a 300 metros de la entrada del mar.

“Se veía que venía caminando tropas, soldados, a la orilla del mar, como a 300 metros”, relató. También contó que estas tropas mataron a dos estafetas y luego se tiraron al piso para comenzar el combate, primero se dirigió a un pozo, aunque luego debió salir para buscar el lanzacohetes y regresar

“Era una lluvia de balas. Era increíble como tiraban”, describió. “No me pegaron porque el destino no quiso que me quedara ahí”, expresó Langer, quien contó que Estévez fue herido al salir de un pozo, por lo que terminó quedándose en su posición junto a otros combatientes.

“Ahí empezamos a contestar el fuego, y cada vez que contestábamos el fuego, era más el fuego que caía sobre el pozo, empezamos a escuchar los gritos de los compañeros heridos que no habían llegado a las posiciones”, expresó.

El recuerdo de una carta y el “último cigarrillo”

Durante la entrevista, Langer recordó dos momentos que vivió en ese extenso combate que duró aproximadamente tres horas. El primero, ligado a una mensaje que envió al continente: “Me acuerdo que pensaba, le había escrito una carta a mi hermana y le decía quedate tranquila, que para fin de año voy a estar con vos bailando el vals, porque terminaba la secundaria, y me digo “¿para qué le mandé la carta, si no voy a estar?”.

El restante, ligado a un diálogo que tuvo con otro soldado: “Con mi compañero Brion dijimos “¿qué hacemos? Y, nos fumemos el último cigarrillo”. Nos prendimos un cigarrillo, ya se había hecho de día, ya casi no teníamos municiones”.

Finalmente, Langer y su compañero tiraron un puff, y al asomarse para ver donde cayó, notaron que casi todas las posiciones a la derecha se habían rendido. Luego vieron a los ingleses a su lado, apuntándoles con una ametralladora, por lo que decidieron tomar una decisión idéntica.

“Salimos de las posiciones por adelante, y cuando salimos te empezás a encontrar con los compañeros muertos, heridos, eso es lo más duro de todo”, relató. Asimismo, agregó: “La primera imagen que tengo es de un compañero Buffarini, que le faltaba la mitad de la cara, sentado al lado del pozo quejándose”.

El después de combate

Por otra parte, Langer contó que los ingleses los alejaron del lugar y que al atardecer regresaron al lugar donde combatieron. “Ahí nos encontramos con los heridos”, expresó, y contó que pidieron voluntarios para asistirlos.

“Estuvimos todas las noches atendiéndolos, algunos aguantaron, algunos murieron esa noche. En ese combate murió el teniente Estévez, el cabo Castro, el soldado Carrascull, el soldado Giraudo, el soldado Zabala y el cabo Oviedo, que eran todos de la sección nuestra”, relató.

En este marco, habló del especial vínculo que tenía con dos de ellos, ambos oriundos de Hernando: “Con Fabricio (Carrascull) y Horacio (Giraudo) en revisación médica nos habíamos conocido, esperamos el resultado de la revisación médica, cuando nos incorporan nos encontramos en una estación de servicio antes de ser incorporados, desayunando, y a partir de ahí estuvimos juntos todo el tiempo”.

“Fuimos elegidos para formar la compañía, fuimos juntos a Malvinas, el padre de Fabricio lo fue a visitar antes de ir a Malvinas a Sarmiento, y nos sacó fotos, en todas las fotos estamos los tres juntos”, agregó.

Langer prosiguió: “Fue el dolor más grande, la pérdida de mis compañeros, porque el resto yo volví y lo tomo como eso, mi destino fue volver y tuve la suerte de volver, pero lo más duro de todo es la pérdida de los compañeros, eso es lo más fuerte”.

El regreso a Villa María

El excombatiente villamariense contó que luego de Darwin pasó varios días prisionero de los ingleses, quienes el 12 de junio lo dejaron junto a otros soldados en Uruguay, desde donde fue llevado hacia Campo de Mayo, previa escala en el puerto de La Plata. “Cuando salimos del puerto (de La Plata) estaban todos los familiares desolados con carteles y gritando, y preguntando por sus hijos, y nosotros no pudimos ni saludar, ni nada”, relató.

Asimismo, agregó: “Éramos los primeros prisioneros que llegábamos de Malvinas. Llegamos a Campo de Mayo y nos recibieron como héroes, a los dos días, el 14, se rinden en Malvinas, y ya pasamos a ser los tagarna y los inútiles que perdimos la Guerra”.

Después de unos días, y tras un buen recibimiento en el Regimiento situado en la localidad chubutense de Sarmiento, Langer finalmente regresó a Villa María. “Acá yo notaba como que si no hubiera pasado nada, los únicos que sufrieron la Guerra eran la familia, nuestros padres, nuestros hermanos”, expresó.

En este sentido, contó una fuerte experiencia que tuvo en ese momento: “Yo jugaba al rugby, un día voy a la cancha a saludar a mis compañeros, como yo jugaba en primera ya, y estaban entrenando a la siesta, dando vueltas a la cancha. Cuando llego, paran el entrenamiento, vienen y me saludan, dos minutos, y a los dos minutos el entrenador “Bueno, vamos que el sábado jugamos y tenemos que seguir entrenando. Me quedé solo ahí, ese fue el primer golpe”.

Los años posteriores

En cuanto a los tiempos posteriores a la Guerra, Langer contó que pasó una década sin hablar de Malvinas y que tuvo una fuerte contención de su familia durante ese período. “Se dieron cuenta que estaba mal, empecé con tratamiento psicológico con profesionales, me ayudó mucho, y después hubo como diez años que era como que había bajado una cortina”, relató.

“Me caso en el año ’86, mi señora no sabía que yo era veterano de Malvinas, y no hablaba del tema, yo no iba al centro de veteranos”, ejemplificó. También contó que su compañera fue de mucho apoyo para que saliera adelante, aunque enfrentaba dificultades en la vida social, como la del acceso al empleo.

“El tiempo pasó, conseguí trabajo, estudié, me recibí de profesor de educación física, ejercí poquito tiempo y después me fui a trabajar a otro lado, que me iba mejor. Y a los diez años empecé a hablar del tema Malvinas”, relató.

También agregó: “Lo duro también fue cuando volvimos, era encontrarte con los familiares de los caídos, el sentimiento de culpa que te queda también, de decir, porqué yo volví y ellos no”. “Hasta el día de hoy paso por Hernando y me parece imposible que no estén los chicos, me vuelven a la imagen ellos”, señaló.

El día en que volvió a Malvinas

Visiblemente emocionado, Langer relató cómo fue su regreso a Malvinas, que concretó hace algunos años. “Yo nunca pensé en volver, y en el año 2007 nosotros logramos traer un equipo de profesionales a Villa María para hacer terapia grupal con los veteranos, con el apoyo de la municipalidad de Villa María. La psicóloga me dijo: ‘A lo mejor te haría bien volver'”.

En este marco, contó que en 2009 un compañero fue a las Islas y le explicó que no era un viaje tan complicado ni costoso, por lo que programó otro con su esposa y los veteranos Walter Balsells (ya fallecido) y Guillermo Gutiérrez.

“Fue algo espectacular. Es recomendable para todos los veteranos. Hay muchos que no quieren ir, porque dicen “yo no quiero ir porque me van a sellar el pasaporte”, y yo les digo, si vamos a esperar que no nos sellen el pasaporte, no sabemos si vamos a volver a Malvinas nosotros”, señaló.

Langer cerró: “Al principio tenía miedo, cómo voy a reaccionar al llegar allá, cuando iba en el avión, sobrevolando las islas, las veo, estaba tranquilo, estuve tranquilo todo el tiempo, hasta que fuimos al cementerio de Darwin. El cementerio es lo más duro de todo, porque en realidad el viaje es eso, es ir y despedirte y pedirle perdón a los chicos, es eso, descargarte”.

“Al principio, cuando volvíamos, éramos los chicos de Malvinas”

Consultado por cómo la sociedad catalogó a los excombatientes en los años posteriores a 1982, Langer explicó: “Al principio, cuando volvimos, éramos los chicos de Malvinas. Todo el mundo nos tildaba de “chicos de Malvinas”, “pobres chicos”, y nosotros también un poco nos victimizamos y nos metimos en ese papel de víctima, de lo que nos había pasado”.

“Uno haciéndose más grande, y escuchando el relato de nuestro propio enemigo, si vos ves el relato del combate nuestro contado por los ingleses, y a mí me pasó cuando nos toman prisioneros, ellos no podían creer que nosotros éramos conscriptos de 18-20 años, y que habíamos estado tres horas en combate, que los hicimos replegar tres veces, que el jefe de ellos, el teniente coronel Jones, que es el inglés de más alto rango que muere en Malvinas, muere en el combate nuestro”, agregó.

En ese marco, resaltó: “Lo que recalco siempre es el liderazgo que tuvo cada grupo. El Regimiento nuestro, el Regimiento 25, los líderes fueron espectaculares: el teniente Estévez comió a la par nuestra, dormía junto con nosotros, nos cuidó permanente, y el día 28 cuando nos dijo muchachos, vamos al frente, todos dijimos vamos, lo seguimos a muerte a donde sea”.

Ante la consulta de los abusos que hubo de superiores a subordinados en otros regimientos, destacó: “Los he visto y sí, no estoy de acuerdo con eso. Pero había momentos en que eran necesarios como ejemplo, a lo mejor no tan al extremo como fueron, pero sí soldados que estaban en el frente y abandonaban el armamento y se replegaban, dejaban a sus compañeros desprotegidos, en  forma de escarmiento, te hacían un estaqueamiento, calabozo”.

Sobre la decisión de tomar Malvinas

En otro momento de la entrevista, Langer analizó la decisión que tomó el Gobierno militar de emprender esta campaña en abril del ’82: “Si no se hubiera hecho la toma de Malvinas, se cumplían los 150 años del reclamo soberano sobre las islas y perdíamos el derecho a reclamo. La idea era ir, recuperar las islas y empezar a dialogar con Inglaterra, y todos los hechos anteriores a eso llevaron al conflicto”.

“Una vez que nosotros llegamos a Malvinas, que el pueblo salió a la plaza a vitorearlo a Galtieri, ahí se envalentonó, dijo no, de acá no salimos, y ahí empezó la improvisación”, señaló.

“Aprendí a aceptar lo que me pasó”

Langer dejó un mensaje final sobre lo que significó la Guerra en su vida: “No tengo rencor, aprendí a aceptar lo que me pasó, fue mi destino, me tocó ir a Malvinas, me tocó volver, lo más doloroso es la pérdida de mis compañeros, pero a mí Malvinas me fortaleció, porque soporté el frío, el hambre, soporté estar en un combate, soporté estar prisionero 14 días y eso me dio fuerzas”.

“Eso me hace ver que puedo seguir adelante, que tengo fuerzas para seguir adelante y todos podemos seguir adelante, he formado una familia, tengo hijos, tengo nietos, me parece que ese es el mejor mensaje que podemos dar”, agregó.

Finalmente, concluyó: “Más de un político se golpea el pecho diciendo “yo estoy haciendo por el país” y se olvidan de los que quedaron en Malvinas y de sus familiares, que son los que más sufrieron, los más se sacrificaron”.

Video: mirá la entrevista especial de Villa María Ya! con Erik Langer:

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