Este 21 de abril se cumple un año del fallecimiento de Mario Bergoglio, quien pasó a la historia como el Papa Francisco.
Nacido el 17 de diciembre de 1936 en la Ciudad de Buenos Aires, fue ordenado como sarcedote a los 33 años, perteneciendo a la rama jesuita, algo que marcaría su legado.
Bergoglio fue Arzobispo de Buenos Aires desde 1998 hasta el 13 de marzo de 2013, la histórica fecha en la que se eligió como Papa por primera vez a una persona de Amércia y del Hemisferio Sur. Además, era el primer Papa no europeo desde el año 741, y el primero proveniente de la orden jesuítica.
Durante su pontificado de 12 años, apoyó una mayor inclusión de mujeres en la Iglesia católica, defendió valores de justicia social, tuvo un trato más acogedor con las personas LGBT que los papas anteriores, apoyó acciones para combatir el calentamiento global, defendió a los migrantes y rechazó las políticas hostiles contra ellos.
Conocido por su humildad, su adhesión a la opción preferencial por los pobres y su compromiso de diálogo con personas de diferentes orígenes y credos, Francisco mostró una variedad de gestos pastorales indicativos de sencillez, entre los que se incluyen su decisión de residir en la Casa de Santa Marta en lugar de la residencia papal del Palacio Apostólico Vaticano usada por sus antecesores desde 1903.
Asimismo, se caracterizó por su sentido del humor y por decidir llevar una vestimenta papal más austera. También destacan sus reformas de la curia romana en campos como la economía y las finanzas, la administración, los tribunales eclesiásticos y el derecho canónico, las comunicaciones sociales, la sanidad, el laicado y la familia.
Con ello propugnó soluciones en temas complejos que incluyen la transparencia en las finanzas vaticanas, la coherencia entre la misión evangelizadora y la actividad económica, la simplificación de la burocracia, la eficacia de la comunicación, la nulidad matrimonial, la lucha contra la pedofilia y los abusos y la protección de menores y migrantes
El especialista en temas vaticanos Héctor Garabal explicó que el legado de Francisco sigue vigente en el corazón de la estructura eclesial. “Yo creo que ha sido un pontificado breve, de doce años, pero ciertamente con una impronta muy fuerte, la Iglesia en salida”, señaló.
Esa idea de una Iglesia activa, cercana y accesible se sostuvo como uno de los pilares que León XIV decidió preservar. Según Garabal, el Vaticano continúa funcionando bajo una lógica de mayor apertura: “El legado que el Papa dejó y que León XIV está asumiendo permite pensar a la Iglesia como una especie de hospital de campaña que recibe absolutamente a todos”.
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