Villa María, miércoles 27 de mayo de 2026

Juicio por el homicidio de Darío Unzeta: testigos, alegatos y penas pedidas

Esta mañana comenzó el juicio por el homicidio de Darío David Unzeta (41), ocurrido en el barrio Botta en la madrugada del 27 de mayo de 2024.

El acusado es Benjamín Walter “el perro” Cativelli, un joven que por entonces tenía 19 años y que se encuentra detenido, estando presente en la audiencia de forma virtual. El mismo abandonó el secundario en primer año y reconoció ser adicto a la cocaína desde hace varios años; es defendido por el Dr. Alfonso Martín.

Del lado de los acusadores se encuentran el fiscal de Cámara Francisco Márquez, representando al Ministerio Público Fiscal, y la Dra. Teodora Perassi, representando a la querella.

Si bien se leyó en primera instancia que Cativelli no tenía antecedentes, fiscal y querellante recordaron que este ya había estado detenido por una causa de violencia de género; de todas formas, por tratarse de un proceso pendiente, este dato no fue tenido en cuenta en la audiencia.

Resumen de los hechos

Según la investigación de la Fiscalía de Instrucción del 1° turno a cargo de la Dra. Silvia Maldonado, Cativelli se presentó en la casa de los Unzeta a bordo de una Toyota Hilux bordó propiedad de su padre.

Luego de un intercambio verbal por una presunta compra-venta de estupefacientes y amenazas, el imputado disparó al cielo con un revólver calibre 38. Después retrocedió y se subió a la camioneta, iniciando la marcha bajo una lluvia de cascotazos.

Seguidamente hizo marcha atrás, volviendo a posicionarse frente a la casa de los Unzeta, abrió la puerta y disparó al menos cinco veces contra Darío David, quien recibió dos balazos: uno en el antebrazo, y otro fatal en el torso.

El joven luego fue al campo de su padre, en Las Mojarras, y horas después fue detenido allí mismo por la policía.

En su momento para declarar, el imputado reconoció consumir cocaína “desde los 16 años, todos los días y en gran cantidad”, y dijo que fue al lugar del hecho a comprar.

“No tuve intención de matar a nadie, fui a comprar droga, salieron varias personas de la casa y comenzaron a agredirme tirando piedras. Estaba solo y tenía mucho miedo, tiré un solo disparo, me siguieron agrediendo y dispararon a la camioneta, me defendí como pude. Lamento lo que sucedió”, sostuvo.

Luego pasaron al frente los distintos testigos: la esposa del fallecido, su hija, su hijo, el padre del acusado y un vecino/amigo de la familia Unzeta.

Declaración de los testigos

Gloria Lucía Heredia. La esposa de David Darío Unzeta dijo que su marido era vendedor ambulante, y que cuando Cativelli pasaba por la casa se saludaban pero no tenían mucho más contacto. Dijo que este no vendía drogas y que desconocía si tenía armas.

“Era bueno, era piola, salía a vender, jugaba con los chicos y era amigo de todo el barrio”, contó, además de dar su versión de los hechos ocurridos esa noche. Dijo que durante el enfrentamiento se quedó dentro de la casa y que una vez en el Hospital no lo dejaron ver a su marido.

Daiana Carolina Unzeta. La hija del fallecido declaró en forma similar a su madre: “Mi papá no tenía armas de fuego, ni siquiera una gomera. Era bueno y cariñoso, salía a vender día y noche para darnos a comer a nosotros. Lo mató al frente de mi casa”, sostuvo.

Lucas Ezequiel Unzeta.. Luego pasó el hijo, menor de edad por ese entonces, quien estuvo más directamente involucrado en los hechos de esa noche y quien además es investigado por el homicidio de César Eduardo Ferreyra, ocurrido meses después. Este Ferreyra era su cuñado (pareja de Carolina Daiana) y también estuvo presente cuando asesinaron a Unzeta, siendo uno de los primeros en declarar (más adelante se explicará esto con mayor detalle).

El joven dijo que había dos personas más con Cativelli, siendo estos “Tucu” y “Oreja” (limpiavidrios que suelen estar entre las calles Salta y España). También dijo que recibió una llamada de un vecino amigo (Joel Pedroso) alertando sobre las intenciones del imputado de asesinar a su padre.

“Me metí a buscar la gomera, también me tiró a mi”, contó, aunque luego reconoció que tenían armas guardadas. Además dijo que nunca vendió droga, y también que cuando (tiempo después) la policía hirió a Joel Pedroso, en realidad le habían tirado a él.

José Walter Cativelli. El padre del imputado dijo que su hijo se droga desde los 13 años, y que siempre le daba plata y le prestaba su vehículo para que se movilice.

Sobre la noche de los hechos, dijo que se fue temprano “a dar una vuelta por la costanera con la camioneta”. Tipo tres de la madrugada lo escuchó volver, y después recibió un mensaje que decía “perdón viejo, te amo”, junto a un emoji con una lágrima.

A raíz de las preguntas del Dr. Martín, también contó que primero consultó para contratar los servicios de la Dra. Perassi, quien luego resultaría ser la querellante.

Joel Pedroso. Finalmente declaró un vecino y amigo de la familia Unzeta, quien momentos antes del homicidio habló con Cativelli y sus amigos limpiavidrios. Allí estos habrían dado señales de que atacarían a David Darío, según la declaración del testigo, con Cativelli diciendo “que lo iba a tirar al piso” (matar) y “Tuca” y “Oreja” arengando.

Por esta razón el testigo llamó a su amigo e hijo de Darío (L.E.U.), para advertirle. También dijo que estuvo presente cuando ocurrió el tiroteo, aunque aseguró que no tiró piedras.

Además sostuvo que no se acuerda bien de algunos detalles porque tiene problemas de memoria luego del disparo en la cabeza recibido tiempo después en un operativo policial en el barrio (por el que fueron imputados los policías Vílchez y Pucci, quienes estaban peleando con L.E.U.). El Dr. Martín dijo conocer ese expediente y dijo que la falta de memoria no figuraba como secuela de su lesión.

Alegatos de las partes

Fiscal de Cámara, Francisco Márquez. Este aseguró que Unzeta vendía droga, y que incluso tenía dos envoltorios de cocaína y una balanza de precisión encima cuando fue recibido en el Hospital; además mencionó que tenía antecedentes por robo, pero que luego “cambió de rubro”.

El fiscal dijo que el testigo más veraz era el fallecido Ferreyra, quien comentó en el Pasteur que “el problema fue por un tema de drogas”. Más allá de esto, afirmó que no hubo ningún enfrentamiento armado y que de ninguna forma se puede hablar de legítima defensa.

Márquez sostuvo que en todo caso la legítima defensa fue de parte de los Unzeta, quienes se defendieron a piedrazos de las agresiones con arma de fuego. “Cativelli le fue a comprar droga, pretendía más cantidad de la que le dieron por 27 mil pesos, discutieron y siguieron los disparos”, comentó.

“Es un niño rico que anda en el auto del papá, con la plata del papá, fue a hacerse el malo y a matar”, agregó. Pidió la pena de 12 años de prisión por Homicidio calificado por el uso de arma de fuego.

Abogada querellante, Teodora Perassi. La Dra. comenzó su alegato diciendo que lo que hizo el fiscal y haría luego la defensa es “estigmatizar a la víctima” con lo de la venta de drogas para “desviar la atención y justificar al asesino”.

Cuestionó fuertemente la etapa de instrucción a cargo de la fiscal Maldonado, así como el alegato y la pena pedida por Márquez. “En vez de pedir 4 años de prisión vamos a empezar a matar a los que venden droga, según el criterio de esta gente”, dijo.

Perassi aseguró que hubo premeditación e intencionalidad, descartando totalmente que se tratara de una riña. Además, dijo que los Montenegro (“Tuca” y “Oreja”) arengaron, actuando como partícipes necesarios, y pidió que se los investigue.

La Dra. recordó que Cativelli también pertenecía al mundo de las drogas y nunca se lo allanó por esto, mientras que los Unzeta fueron allanados el mismo día del sepelio de Darío David. Nuevamente hizo mención de la causa por violencia de género pendiente del imputado, haciendo hincapié en su actitud violenta.

Por estos motivos pidió la pena máxima (prisión perpetua) por Homicidio calificado por el uso de arma de fuego y agravado por alevosía, premeditación y la participación de dos o más personas.

Subsidiariamente, si se elige la pena solicitada por el fiscal Márquez de homicidio calificado, pidió que sea por el máximo posible (25 años).

Abogado defensor, Alfonso Martín. El letrado comenzó cuestionando que José Cativelli (padre del imputado) primero fue a consultar a la Dra. Perassi, dándole detalles de la causa, y esta luego terminaría siendo la abogada querellante.

Según sus dichos, le advirtió “como consejo entre colegas” que su actitud podría ser una grave falta, a lo que la abogada respondió con una denuncia penal por amenazas. Por esta supuesta violación de las normas éticas y legales, pidió que todo su alegato y exposición sean considerados nulos.

Finalizado este paréntesis, Martín comenzó su alegato enumerando la cantidad de gente que había en la casa Unzeta esa noche y que salieron a recibir a Cativelli: “el jujeño” Gutiérrez (quien desapareció luego del hecho), “el remisero” Tomás Dietrich (señalado como delivery de Unzeta), el yerno de Darío, César Eduardo Ferreyra (asesinado meses después aparentemente por L.E.U.), el propio Darío David Unzeta y su hijo Lucas Ezequiel.

Luego nombró una serie de noticias policiales ocurridas en el barrio Felipe Botta y publicadas por este medio, Villa María Ya!, para evidenciar que se trata “de un barrio peligroso” y que incluso en tres de estos episodios se repiten los mismos protagonistas.

Finalmente pasó a su principal argumento: utilizó los registros fílmicos del procedimiento policial ocurrido tiempo después en esa cuadra, que involucra a Lucas Unzeta y en el que resultara herido por disparos de policías Pedroso.

Allí se evidenció que los agentes comenzaron a recibir cascotazos de varios vecinos; que primero se realizaron disparos al aire para intentar disuadir, y que finalmente uno de ellos abrió fuego contra los agresores (hiriendo a Pedroso, quien fue impactado en la cabeza y se salvó de milagro -caso Pucci y Vílchez-).

“Brotan de la tierra, salen de todos lados y empiezan a los cascotazos. Así se maneja esta gente”, dijo el abogado, y aseguró que la situación fue exactamente la misma con su defendido.

Según contó, el detonante esa noche fue un primer piedrazo arrojado por Lucas Unzeta. Luego Cativelli se estaba yendo en la camioneta cuando recibió un cascotazo que rompió la luneta de la camioneta, lo cual habría sido confundido con un disparo.

“Reaccionó con lo que tenía a mano del mismo modo que la policía. Fue rodeado, atacado y superado”, dijo, agregando que a diferencia de los agentes el acusado no tiene entrenamiento sino que por el contrario se trata de alguien poco instruido y adicto a los estupefacientes.

Martín pidió la absolución de Cativelli por tratarse de un hecho de legítima defensa; subsidiariamente, si se considera que hubo lo llamado “exceso de la legítima defensa” (técnicamente exceso en la causa de justificación), excediéndose en la cantidad de disparos necesarios o actuando con temor y turbación, que se le diera la pena por homicidio culposo de tres años y medio de prisión.

También desestimó lo pedido por la querella porque esta pidió una pena máxima que difiere altamente de la solicitada por el fiscal, comentando que esto se debería haber hecho en una instancia anterior así la defensa hubiese podido solicitar un juicio con jurados populares.

Finalmente, y subsidiariamente, si se encuentra a Cativelli como culpable de homicidio doloso agravado, pidió el mínimo de 10 años y 8 meses.

Última palabra y sentencia

El próximo lunes, desde las 9 horas, el imputado tendrá derecho a una última palabra y luego la jueza Edith Lezama de Pereyra dará a conocer la sentencia.

Tres hechos de violencia en la misma cuadra

Por si quedaron dudas, en un lapso de cinco meses ocurrieron tres hechos en la misma cuadra de la calle La Colina al 1100 con protagonistas que se entrecruzan.

Cuando Cativelli disparó contra Darío Unzeta, estaban con este último su hijo Lucas Ezequiel y su yerno César Eduardo Ferreyra, pareja de Carolina. También presenció la situación Joel Pedroso, quien momentos antes había advertido a su amigo Lucas que atacarían a su padre.

Poco después, en un procedimiento policial en el que se enfrentaron cuatro agentes y Lucas Unzeta, el agente Vílchez disparó e hirió a Pedroso en la cabeza mientras recibían cascotazos. Los agentes Vílchez y Pucci fueron detenidos e imputados por abuso de arma de fuego agravado por ser funcionarios policiales.

Finalmente, el 6 de octubre de 2024, Lucas Unzeta habría asesinado a su cuñado, César Eduardo Ferreyra, de un puntazo en el cuello en la ruta pesada. En ese momento el presunto agresor era menor y fue trasladado al Complejo Esperanza, pero actualmente tiene 18 años y por eso los familiares de Ferreyra realizan marchas todos los jueves en Tribunales pidiendo que sea detenido.

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